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Naturaleza resiliente

Después de una desgracia, la familia Fidani se aferra a los recuerdos y transita un nuevo futuro

Palabras de Emily Hopcian. Fotos de Bianca Fidani y cortesía de la familia Fidani. Traducido a español por Catalina Connon.

Al atardecer en pleno invierno de julio de 2017, un senderista descendía por la ladera norte cargada de nieve del cerro Brecha Negra hacia el refugio Jakob, cerca de San Carlos de Bariloche, Argentina.

El senderista había recorrido 9 kilómetros por las montañas desde el refugio Frey. Aunque el remoto refugio Jakob estaba cerrado por la temporada invernal, el hombre planeaba pernoctar en una pequeña habitación que permanecía abierta todo el año para dar cobijo a aventureros fuera de temporada. Era su primera visita.

Al acercarse a la laguna donde suponía que estaba el refugio, notó en el aire helado un acre olor a humo. Atravesó el bosque de lengas desnudas y encontró una estructura de piedra con techo carbonizado, metal retorcido y escombros. 

El refugio, que normalmente irradiaba luz y calidez, era el elemento más frío en ese pedregoso paisaje invernal blanco y negro.

Esa noche, el senderista durmió en su carpa. A la mañana siguiente, recorrió 14 kilómetros por el sendero hasta el punto de partida más cercano. Hizo dedo para llegar a la ciudad y cuando lo recogió un vehículo, describió a la conductora el desolador panorama que había encontrado en la montaña.

La conductora llamó inmediatamente a Claudio Fidani, un amigo de ella que desde 1985 era el concesionario del refugio Jakob y desde 1977 había trabajado allí.

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Inaugurado el 16 de febrero de 1952, el refugio Jakob, (conocido oficialmente como refugio San Martín) es uno de varios refugios ubicados en la cordillera de los Andes cerca de Bariloche. Pertenece a y es operado por el Club Andino Bariloche(Opens in a new window), y atiende a intrépidos aventureros – desde atletas de montaña hasta aficionados a las actividades al aire libre – que vienen a explorar y disfrutar de las montañas del norte patagónico.

A map of refugios
Mapa con varias ubicaciones de refugios

Claudio Fidani, 62, empezó a trabajar en el refugio Jakob en febrero de 1977, cuando tenía apenas 16 años. En 1985, se convirtió en concesionario del refugio.(Opens in a new window) Durante las décadas del 90 y 2000, nacieron sus cinco hijos: Luca (32), Nico (31), Bianca (29), Ananda (25) e Indira (16). De niños, acompañaban al refugio a su padre y respectivas madres (Vero, mamá de Luca, Nico, Bianca y Ananda; y Viviana, mamá de Indira). A lo largo del sendero y en el refugio, los hermanos jugaron, aprendieron y crearon recuerdos.(Opens in a new window) De jóvenes, trabajaron junto a su padre en el refugio.

A family sitting on a rocky surface in front of a refugio
Toda la familia junta

Aunque los hermanos Fidani se han aventurado cada tanto a visitar otros rincones de la Argentina y del mundo, la familia, el refugio con el paisaje que lo circunda y la comunidad allí cultivada siguen atrayéndolos, como un imán, al hogar.

En febrero de 2017, el refugio Jakob celebró su aniversario 65. Ese mismo año, Claudio cumplió 40 años como “refugiero” (cuidador del refugio y de los huéspedes que allí pernoctan). Durante un festejo conmemorativo que se realizó en el refugio, familiares, amigos y antiguos colegas compartieron historias de épocas pasadas en el refugio y alrededores. En ese ambiente de alegría, amor y calidez de un momento histórico, nadie podía anticipar la manera en que viraría dramáticamente la historia del refugio apenas meses después.

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En mayo de 2017, Claudio y Nico cerraron el refugio por la temporada invernal. Descartaron alimentos perecederos, limpiaron habitaciones, vaciaron y cerraron la cañería que traía agua de la laguna. Con el viento otoñal revoloteando por los cerros que rodean la laguna, Claudio y Nico partieron por el sendero, despidiéndose del refugio hasta septiembre – o eso creyeron. En aquel momento, era imposible que supieran que nunca más verían al refugio Jakob tal como era.

Dos meses después, en julio, Claudio estaba trabajando con Luca, Nico y Bianca en el refugio Berghof, que está más cerca de la ciudad, es accesible en vehículo y cuenta con cobertura celular. Una tarde, recibió una llamada de una amiga. Su tono era urgente. Le explicó que llevaba en su vehículo a un senderista que había descendido del refugio Jakob ese día. Claudio activó el altoparlante del celular para escuchar las palabras del senderista. Su mano se tensó sobre el teléfono. Los tres jóvenes pausaron en sus actividades para escuchar.

El senderista describió lo que había encontrado cerca de la laguna Jakob: la ubicación, el edificio, los escombros. Era turista y esta había sido su primera visita al refugio, por lo que no estaba seguro de cuánto tiempo hacía que se encontraba en ese estado o si la estructura quemada era, de hecho, el refugio Jakob. Bianca, a medida la inquietud invadía a sus propios ojos, observaba la mirada de su padre. La mente de Claudio claramente estaba en otro lugar, trazando ya un plan para subir al refugio esa misma noche.

Claudio llamó a Andrés “Andi” Lamuniere, su colega en el refugio Jakob desde 1977. Le contó las novedades, y Andi respondió: —Okey. Subamos ya.

Nico, que había empezado a manejar el refugio junto a su padre, y Claudio regresaron de inmediato a su casa para cargar mochilas con alimentos y equipos. A las 9:00 de la noche, con una temperatura que oscilaba en torno a 0 °C, se reunieron en el punto de partida del sendero con un pequeño grupo de amigos, incluido Andi.

La nevisca iba cubriendo el sendero con un fino manto de nieve en polvo que reflejaba la luz de la luna, aunque la profundidad era poca y no exigía el uso de esquíes o raquetas de nieve. En una de las noches más largas del año, iniciaron la marcha por el sendero que habían recorrido miles de veces hasta el lugar que siempre habían sentido como un hogar.

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A lo largo de las décadas, el refugio Jakob ha cobijado a Claudio, su familia, locales y extranjeros por igual. En todas las estaciones, el refugio ha albergado a personas embarcadas en aventuras de fin de semana, exploraciones en curso o travesías de vida.

El refugio original en invierno

Cuando Claudio empezó como concesionario, el refugio Jakob era una simple estructura de una sola habitación. Contaba con dos mesas y lugar para que duerman 20 personas. En aquella época, la temporada estándar se extendía de octubre a mayo y el refugio permanecía cerrado durante el invierno. Durante la primera temporada de Claudio como “refugiero”, el albergue recibió a unos 300 visitantes. En su mayoría eran argentinos y concurrían en grupos; muy pocos llegaban solos.

A man standing in a kitchen full of items surrounding him and on the wall
Claudio (18) en el pequeño refugio en la cocina

De 1985 a 1990, Claudio, Andi, Cepillo Gentile y los “refugieros” ampliaron el refugio original. Y si las obras de construcción en general suelen demorar más de lo previsto, las que se hacen en ambientes de montaña son infinitamente más complejas.

Algunos de los materiales se llevaron en helicóptero, pero la gran mayoría – vigas de madera, hierros y cemento, entre muchos otros – fueron cargados hasta el refugio a caballo o a pie por Claudio, Andi, Cepillo y otros. Reunir todos los materiales para la ampliación llevó tres años. Y luego, la construcción propiamente dicha llevó dos años más.

A partir de 1990, la capacidad del refugio Jakob se duplicó. La nueva estructura tenía espacio para seis mesas y 40 camas, más una pequeña habitación para los “refugieros” y los alimentos e insumos necesarios.

A group of people gathered outside a refugio
El refugio y visitantes

Claudio llegó a Bariloche a los 14 años con su madre y dos hermanos a fines de 1975, cuando comenzaba la dictadura militar argentina. En ese primer año, conoció al refugio Jakob. En su segunda visita, comenzó a trabajar en el refugio. Durante sus años en el refugio, Claudio fue testigo de la Guerra de las Malvinas en 1982, el retorno de la democracia a la Argentina en 1983, los triunfos de Argentina en la Copa Mundial Masculina de la FIFA en 1978 y 1986 (y más recientemente en 2022), importantes eventos internacionales como la caída del muro de Berlín en 1989, y la evolución de la cultura y la moda de montaña de una década a otra. A lo largo de tantos años, mientras sobrevenían cambios en el mundo exterior, el refugio Jakob y el ambiente que lo rodea permanecieron invariables.

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El refugio Jakob no solo es una constante desde la que Claudio ha sido testigo de un país y un mundo en evolución, sino que también es una constante a través de la que él y su familia han transitado la vida juntos, creando recuerdos y fortaleciendo sus vínculos.

Tanto en forma colectiva como individual, Claudio, Luca, Nico, Bianca, Ananda e Indira (y también Vero y Viviana) han aprendido mucho del refugio – y el uno del otro. Por supuesto, perfeccionaron habilidades prácticas: limpiar, cocinar, atizar un fuego, montar a caballo. Además, aprendieron y practicaron el idioma inglés y llegaron a comprender más acerca de Bariloche, Argentina y el mundo.

—Aprendí de todo acá —afirma Claudio—. Aprendí a cocinar, a hacer asado, a cortar leña, a picar leña, a buscar leña. A caminar, a cruzar ríos, a no cruzarlos, a darme un espacio con la gente también. A tratar de tener una segunda mirada sobre la gente, no solo la primera impresión.

A father and son carrying firewood and walking through a river
Claudio y Nico de bebé juntando leña

A lo largo del tiempo, los escalones de entrada y la sala principal del refugio han sido testigos de una evolución. 

En los escalones, jugaban los hermanitos Fidani cuando eran niños. De grandes, en esos mismos escalones, saludaban a los huéspedes. En la sala, los niños bailaban o hacían trucos de magia para entretener a los visitantes. De mayores, en las mismas mesas recibían a los huéspedes, compartiendo información práctica sobre el refugio, sirviendo comidas y contando historias. Al lado de la estufa a leña, los niños antaño se acurrucaban en el regazo de su padre. Ahora, usan esa misma estufa para calentar agua para el mate o té de los huéspedes.

A son sitting on his fathers lap on a bench inside a refugio
Claudio y Nico

En la infancia, los hermanos Fidani compartían cuentos y juegos, tiempo y espacio, comidas y ropa. A medida que fueron creciendo, aprendieron a relacionarse con ellos mismos, entre sí como familia, con colegas y huéspedes y con la naturaleza.

—Desde chiquita, fui aprendiendo a recibir a otras personas con empatía y comprensión —dice Ananda—. A ver el contexto de esa persona que viene caminando tantas horas, porque no sabés cómo le fue en esas horas. Podés decirle: ‘Bienvenido. ¿Cómo estás? ¿Cómo fue la caminata? ¿Qué necesitás? ¿Querés tomar un té?’ Creo que fui aprendiendo esa presencia y hoy forma gran parte de mí, de quien soy.

—No es que estás acá porque te gusta la montaña y solamente te gusta la montaña —reflexiona Claudio—. También te gusta el servicio, te gusta un montón de cosas. Me parece que lo que más aprendí acá fue a conocer mis límites, a conocerme, a conocerme yo, a conocerme yo en interacción con la gente, a crecer. Al haber estado de chico, pasaron todas las etapas de mi vida acá.

A group of people gathered inside a refugio
Claudio, Cepillo Gentile, y amigos

Casi 50 años atrás, cuando Claudio visitó por primera vez el refugio Jakob, era notable la ausencia de servicio(Opens in a new window). En las décadas subsiguientes, Claudio, Cepillo (quien trabajó como concesionario con Claudio de 1985 a 1995 y mejoró mucho el refugio), la familia Fidani y los “refugieros” que trabajaron con ellos crearon en aquel remoto lugar un ambiente cálido, acogedor y hogareño, tanto para visitantes nuevos como para huéspedes habituales. En todas las estaciones, la hospitalidad es una constante.

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En la oscuridad de una madrugada en julio de 2017, después de cuatro horas recorriendo el sendero en silencio, Nico, Andi y un pequeño grupo de amigos se acercaban al lugar que atesoraba décadas de recuerdos para la familia Fidani, el Club Andino Bariloche y sus socios, la comunidad local y aventureros de todo del mundo. El ambiente era apacible, en brusco contraste con la desazón de los amigos. La noche era fría, pero sin viento. El paisaje nevado resplandecía al fulgor de la luna.

Al completar el ascenso por las últimas subidas, alcanzaron el sitio desde el que generalmente divisaban por primera vez el refugio. A la luz de la luna, vislumbraron la estructura de piedra del refugio original. Claudio y Andi habían conocido esta vista en la primera época de su trabajo en el refugio. Sin embargo, hacía años que se encontraba tapada por la ampliación construida en la década del 80.

En ese momento, se confirmó lo que temían: el fuego había consumido la ampliación, construida principalmente de madera, más la mayor parte del refugio original.

A burned refugio structure
Incendio del refugio

Claudio mantuvo un semblante estoico, pero sintió que el corazón se le hundía a los pies. El grupo se detuvo solo por un momento, una breve exhalación, antes de que Claudio los guiara cuesta abajo por el último trecho del sendero. Al llegar al refugio, se quitaron rápidamente las mochilas, dejándolas sobre la nieve. A la luz de sus linternas y los reflejos y sombras de la luna, procuraron identificar cuánto se había perdido y lo poquito que quedaba.

Al rayar el alba, llegaron al refugio Luca, Bianca y un amigo de la familia. Habían salido juntos desde el punto de partida a las 2:00 de la mañana, cuando Luca terminó de trabajar. Los ojos de Bianca se llenaron de lágrimas mientras ella y Luca observaban la destrucción y se abrazaban con Claudio, Nico y amigos.

Aquella mañana, Claudio hizo lo que había hecho miles de veces en este lugar: encendió un pequeño fuego, calentó agua y preparó mate para compartir con el grupo. Aunque se había quemado la estructura del refugio Jakob, el espíritu del lugar perduraba. Salió el sol y se inició un nuevo día – con una nueva realidad.

Leftover debris after a refugio fire
Incendio del refugio - escombros

En la claridad de la mañana siguiente a aquella noche oscura, los Fidani y amigos inspeccionaron en detalle el daño, registrándolo en fotos y vídeos, antes de regresar a Bariloche ese mismo día. Aunque no sabían qué les depararía el futuro, con cada paso hacia la ciudad, se fueron preparando para las conversaciones exploratorias que se divisaban en el horizonte.

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En la ciudad de Bariloche, Claudio y Nico se reunieron con socios del Club Andino Bariloche y otras personas relacionadas con el refugio Jakob. Mientras se desarrollaba una investigación judicial para averiguar qué (o quién) había causado el incendio, se tomó una decisión conjunta con Martín Enevoldsen, presidente del Club Andino Bariloche en aquel momento, y el directorio del club para reconstruir el refugio.

Los meses subsiguientes al incendio generaron gran temor y vulnerabilidad en la familia Fidani y la comunidad. En aquella época posterior al desastre, en el medio de investigaciones, entrevistas, cobertura y artículos periodísticos y acusaciones entre partes, muchas personas de la comunidad sufrieron diversos grados de congoja, dolor, pesadumbre y furia.

Aunque es posible que jamás se entiendan por completo los detalles del incendio (cuándo, quién y por qué), una investigación del Poder Judicial de la Nación confirmó que había sido intencional. Para los afectados, lidiar con la idea de que alguien había incendiado el refugio Jakob intencionalmente conllevaba toda una gama de emociones y dudas.

Al principio, la familia Fidani no tenía plena seguridad de que el refugio se reconstruyera. Les angustiaba pensar que el lugar podría permanecer tal como estaba, consumido por el fuego en la montaña. Por otro lado, los hermanos Fidani dudaban si, según las decisiones que se tomaran, Claudio podría continuar como concesionario del refugio Jakob.

—Aprender a soltar todo lo que no podíamos controlar fue lo más difícil —cuenta Bianca—. Lo que más me enseñó [ese proceso] es saber que sigue estando la esencia, más allá del lugar físico. Igual, cuesta un montón porque es realmente saltar y decir, ‘No importa, porque lo más importante es como invisible a los ojos’. Más allá que esta mesa no esté, es todo lo que se genera, la gente, nosotros, este lugar en la montaña. 

Para el final del invierno, el Club Andino Bariloche, el Parque Nacional Nahuel Huapi, la familia Fidani y otros miembros de la comunidad habían evaluado los daños, debatido los próximos pasos a tomar y establecido un plan, tanto financiero como físico, para reconstruir el refugio.

A refugio rebuilt during construction
Reconstrucción

La reconstrucción comenzó el 18 de septiembre de 2017 y continuó durante toda la primavera, el verano y el otoño. El Club Andino Bariloche formó para el proyecto un subcomité liderado por Martín Joss y Fernando Márquez. Cientos de miembros de la comunidad donaron tiempo, recursos y mano de obra. Los insumos para la nueva construcción fueron transportados en helicóptero, reduciendo significativamente el plazo de la obra.

Todos los participantes procuraban preservar el carácter y el corazón – la forma, la funcionalidad – del refugio original, mejorando, cuando fuera posible, sobre esa base. Con cada día de construcción, el futuro del refugio Jakob se volvía más tangible. A medida que se vertía hormigón y se martillaban clavos para fijar las vigas, iba tomando forma un nuevo refugio que mantendría la misma tradición de amable servicio.

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En abril de 2018, unos nueve meses después del incendio del refugio viejo, el Club Andino Bariloche, la familia Fidani y la comunidad local inauguraron el refugio nuevo. La reapertura fue el inicio de un nuevo capítulo para el refugio Jakob: un capítulo que generaría un nuevo futuro, manteniendo al mismo tiempo el ambiente y las tradiciones hospitalarias de siempre.

El nuevo refugio duplica aproximadamente la superficie del albergue original. Cuenta con seis mesas y espacio para que duerman 60 personas. Hay nueve habitaciones con cuatro literas cada una y una habitación general similar a la del refugio viejo para los “refugieros”.

A family in front of a refugio
Reinauguración
A group of people gathered outside a refugio
Reinauguración Club Andino Bariloche e instituciones

Un pequeño baño interno se utiliza en invierno, mientras que el baño externo, a unos 100 metros del refugio, se usa de primavera a otoño.

Con su techo a dos aguas, la forma del refugio nuevo procura replicar la del refugio viejo para que, a la distancia, se vea igual. Se agregó durante la reconstrucción un sistema de calefacción eléctrica. Desde que se completó la turbina en 2019, el refugio cuenta con electricidad y, por lo tanto, puede permanecer abierto durante el invierno.

A birds eye view of a newly built refugio
Refugio nuevo

Con el nuevo refugio, algunos de los principales cambios han sido la afluencia de visitantes por año y la naturaleza de las estadías. En cierto sentido, la cultura de montaña – tanto en Bariloche como en el resto del mundo – se ha transformado. Sumado a eso, lugares como el refugio Jakob se han vuelto más accesibles.

—Cuando era más chica el refugio era algo más de nicho —dice Bianca—. Como de gente que iba a buscar algo diferente y más inaccesible. Algo mucho más de aventura. Llegaba menos gente.

El refugio viejo no abría en invierno porque carecía de electricidad. Con la construcción y apertura del refugio nuevo, Jakob está abierto todo el año.

—En invierno es otro mundo —comenta Bianca— porque la nieve, el frio son hermosos también.

Backcountry skiers in the winter
Refugio en invierno

A lo largo de los años, con la publicación de más información sobre el refugio Jakob en libros, folletos y medios digitales, se ha vuelto mucho más accesible y popular. Además, para la mayoría de la gente hoy en día, el primer contacto con el refugio es a través de los medios sociales(Opens in a new window) o el sitio web(Opens in a new window), ya que hay que reservar para pernoctar en del refugio o acampar afuera, además de registrarse con el Parque Nacional Nahuel Huapi (Opens in a new window) antes de salir a caminar por el sendero.

—Tu primer contacto con el refugio es con una persona que está desde su casa trabajando en una computadora —dice Ananda—. Pero, aunque tu primera interacción con el refugio sea digital, igual puede contener la misma calidez que valoramos en el refugio en sí.

Con el aumento en la cantidad de visitantes, parece que también han cambiado sus exigencias o expectativas. Antes, se conformaban con cualquier cama y cualquier comida.

—La gente llega cansada y es algo único que el refugio esté ahí —reflexiona Bianca.

An updated refugio interior
El interior del refugio

Ahora, con más refugios y más servicios en esos refugios – y mayor cantidad de gente que los visita – han cambiado las expectativas. La gente pretende un servicio más exclusivo y de mayor calidad. Incluso en las interacciones visitante-“refugiero” y visitante-visitante, Nico nota una diferencia.

—Antes, parecía que las personas que venían compartían un estilo de vida y querían tener esta experiencia en la naturaleza —explica—. Hoy, me parece que reservan, suben con su mochilita, piden la cena, comen y bajan [al día siguiente]. Parece que ahora vienen por menos tiempo. 

Para Nico, parte del encanto del refugio era que, aun cuando la gente estuviera sentada en mesas separadas, conversaba a la luz de las velas. ¿De dónde viniste? ¿Qué estás haciendo acá? ¿Viste las estrellas? ¿Viste tal cosa por el camino? La gente tomaba un vino, fumaba un porro, compartía el momento.

Y, con el aumento en la cantidad de visitantes, Claudio observa que también han cambiado los servicios y decisiones en relación con la experiencia del visitante.

—Hoy tenemos el desafío que implica prestar servicio a tanta gente en un lugar de montaña —explica—. Tenés que saber hasta dónde querés hacerlo o no. Porque si no, vas a ir detrás de la demanda de lo que la gente quiere y la gente cada vez quiere más cosas en cualquier lugar. Intentamos no correr detrás de ese cambio, sino plantar un cambio que sea duradero y que sirva para que todos estén felices.

Candles lit in the foreground, with people gathered in the background
Año nuevo - cultura Jakob

Pero incluso dentro de un espacio en evolución, hay muchas constantes, incluidas la familia, la comunidad y la calidez del servicio ofrecido en el refugio Jakob.

—Me gustaría que sea algo fluido —reflexiona Ananda, pensando en el futuro y los cambios que vendrán—. Que el refugio se transforme y que las personas también se transformen con él. Que, pase lo que pase, logre mantener viva su calidez.

—El refugio ha generado una cosa cultural muy linda —dice Luca—. Como un caldero de canciones, de pensamientos, de formas de vivir, todo en la naturaleza, compartiendo la comida todos juntos, amuchados. Hoy sigue con esa raíz.

—Siempre fue igual —dice Claudio—. No le hacemos un punto al movimiento de la cosa. Yo he visto árboles que eran finitos y que ahora son enormes, y luego caerán. Es una mutación constante de la naturaleza en que estás metido, y en el medio, hay muy poco que realmente cambia. Es muy poco este tiempo. Es muy fuerte con respecto a todo lo que pasó, pero en el contexto de un mundo es nada, es simplemente nada.

En la naturaleza y en la vida, todo evoluciona. Los animales migran. Los paisajes cambian con las estaciones. Las personas viven nuevas experiencias y crecen. Con el incendio y la posterior reconstrucción, el refugio Jakob cambió rápidamente en un tiempo relativamente corto. Y, así como suele suceder, la vida continuó.

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Así como evolucionó el refugio Jakob, los hermanos Fidani también crecieron y maduraron. Hoy adultos, están forjando sus propios caminos en la vida y todos esos caminos se vinculan de alguna manera con sus experiencias en el refugio.

—No es fácil y no siempre se ve —asevera Claudio—. El cuidador del refugio soy yo. El que le entregó la vida al refugio soy yo, ellos no [mis hijos]. El refugio les tiene que servir para expandirse, no para quedarse. Se tienen que expandir, tienen que salir de ahí para aprender, estudiar, viajar, hacer lo que tengan que hacer.

Claudio, Vero y Viviana han alentado a sus hijos a seguir sus vocaciones.

—El refugio no es nuestro —dice Claudio—. Es un lugar que te insume, te lleva toda la vida, cuando querés acordarte pasaron 40 años y vos estuviste ahí mirando por la ventana, o no.

Luca, 32, y Nico, 31, están estudiando, entrenando y desempeñándose como guías de montaña. Luca además supervisa las operaciones del Refugio Berghof(Opens in a new window) en el cerro Otto en Bariloche. Nico colabora con Claudio en el manejo del refugio Jakob. Ambos hermanos quieren seguir trabajando al aire libre en las montañas en el futuro.

People skiing outside a refugio in a winter storm
Invierno tormenta

Bianca, 29, estudió diseño audiovisual, primero en Buenos Aires, luego en El Bolsón y Bariloche. Hoy trabaja como productora y cineasta con Benegas Brothers Productions(Opens in a new window), una agencia que se especializa en contenidos de montaña y aire libre.

Ananda, 25, estudió coaching ontológico en Rosario. Le gustaría combinar sus estudios superiores con lo que aprendió a través de la naturaleza para acompañar a las personas en sus trayectorias de salud mental.

Indira, 16, ha completado su cuarto año de los cinco de escuela secundaria. Luego prevé estudiar Letras: quiere escribir novelas. Siente que su atracción a la narración proviene de su familia y los “refugieros” que le contaban cuentos en el sendero y el refugio cuando era niña.

Sigan o no manteniendo una relación ‘oficial’ con el refugio Jakob a través del trabajo de su padre u otro miembro de la familia, sin duda el refugio y los años en que crecieron, jugaron y trabajaron juntos allí dejarán una huella dondequiera los lleve la vida.

 

 

Frente a cambios y constantes, el fuerte vínculo compartido dentro de la familia Fidani y el significado para ellos del refugio Jakob conservan su trascendencia. Además de los entrañables recuerdos de momentos cotidianos compartidos a lo largo de los años, el refugio alberga tradiciones y momentos especiales llenos de alegría y amor. Entre ellos, los más notables son el aniversario del refugio en febrero, Pascua, Navidad y Año Nuevo.

Todos los años, en la tarde del 31 de diciembre, la familia Fidani se reúne sobre un peñasco cerca del refugio para absorber y despedirse del “último sol” del año. Tal vez sea su tradición más fuerte, porque donde sea que los lleve la vida, cada integrante procura siempre estar presente para esa ocasión.

A sunset over a lake, with mountains in the background
Año nuevo - "último sol/atardecer"

—Cada vez es más difícil —dice Claudio— pero es un momento que todos buscan.

Mirando hacia el futuro, Claudio tiene la tranquilidad de que sus hijos saben tomar buenas decisiones. Él, Vero y Viviana les han enseñado a transitar senderos. Ahora, le gustaría que vivan sus procesos, encuentren sus caminos en la vida y los disfruten.

La gratitud, así como el amor, es profunda en la familia Fidani.

—Para mí es el regalo más grande que nos dio nuestro papá, la verdad —reflexiona Indira respecto del refugio y la vida de su padre—. Después de todo el sacrificio, de toda su vida, me emocionó escuchar su historia.

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Los Fidani están conformes con su situación. Más que nada, todos quieren seguir viviendo como familia unida con el mismo fuerte vínculo que tienen hoy.

Claudio, hoy de 62 años, no vislumbra la jubilación en un futuro cercano. Su contrato actual como concesionario del refugio Jakob sigue hasta el año 2025, y le gustaría renovarlo.

—Quiero cumplir 50 años como “refugiero” —dice—. Quiero ser el único “refugiero” que va a tener 50 años aquí.

A man outside in the winter wearing a jacket and a backpack
Claudio

Nico, que hoy trabaja con Claudio en el refugio, quiere seguir acompañando a su padre todo el tiempo posible. Ve que el trabajo en el refugio le da a su papá vida, energía y satisfacción.

—Lo que aspiro es que el refugio siga siendo un trabajo que me encanta —dice Nico—. Le voy dando de a poco mi propia impronta, porque me hace disfrutarlo más. Al mismo tiempo, quiero combinar mi trabajo en el refugio con otras cosas como guiar y hacer ascensos en la zona del refugio.

En este momento, de los cinco hermanos, Nico que es el que tiene mayor probabilidad de seguir los pasos de su padre. Sin embargo, ningún integrante de la familia presiona a los demás para que lo hagan: esto está claro.

A todos les parece importante que cada uno elija y siga su propio camino en la vida. Más que nada, todos quieren que la familia termine bien este capítulo con trabajo en el refugio Jakob. Y, sobre todo, quieren que la familia siga unida.

—Mi esperanza es que sigamos disfrutando de la montaña como familia —dice Luca.

Nico agrega: —Quiero seguir compartiendo esto con mis hermanos. Durante la pandemia estuvimos todos juntos. Esquiábamos en el refugio. Nos reuníamos y nos divertíamos. Por suerte, en nuestra familia no hay peleas. Es muy sano. Quiero ver a todos felices y compartiendo juntos, con millones de charlas.

Backcountry skiers out on a winter day
Bianca, Nico, y amigos haciendo esquí de travesía

—Cuando llegue el momento, me gustaría que dejemos el refugio con paz —dice Claudio—. Algún día, con el último sol, nos abrazaremos y diremos que se terminó, y nos iremos. Será difícil para mí y también para ellos.

Claudio siente que de alguna manera ha preparado a su familia para ese momento, o al menos, ha colocado las llaves en sus manos. Sus hijos saben que llegará el día en que se retire. Él siente que es importante que todos hayan hecho lo que tenían que hacer allí, por lo que, si a alguien le queda algo por hacer, ya les advirtió que este es el momento de hacerlo y de hacer las paces con el lugar.

—En algún punto, sé que tendremos que llevar el refugio más dentro nuestro —dice Ananda—. Aunque el día de mañana, la familia Fidani no tenga nada que ver con el refugio, creo que hay algo dentro nuestro que no se puede quitar: que todos nosotros, nuestros hijos y las generaciones futuras seguirán teniendo esta fuerte conexión con las montañas y la naturaleza.
En cuanto al futuro del refugio Jakob, más allá de la familia Fidani y el tiempo que estuvieron allí, a Claudio y sus hijos les gustaría que la actividad en el lugar fuera verdaderamente sostenible, que los visitantes al refugio entendieran lo que es un área natural y cómo vivir en armonía con la naturaleza. También les gustaría que el refugio siguiera conteniendo y emitiendo los mismos valores y calidez que ha tenido durante el tiempo en que ellos estuvieron: un lugar que cuida a las personas y las recibe con los brazos abiertos.

A family standing together in a refugio
Familia en la cocina económica

El 16 de febrero de 2024, el refugio Jakob festejó su aniversario número 72. Aquel viernes, se armó una sola mesa larga al aire libre con bancos a cada lado, iluminada por lamparitas tendidas entre el porche y un árbol.

Allí se reunieron la familia Fidani, socios del Club Andino Bariloche, locales y extranjeros, algunos sentados y otros de pie. Mientras se disipaba la luz del día, los “refugieros” trajeron de la cocina unas enormes ollas de comida para compartir una cena de tacos.

Claudio iba y venía, sirviendo comida, supervisando el festejo, charlando y compartiendo chistes con amigos de toda la vida. Desde la mesa, se difundía un murmullo de conversaciones, risas y música, en danza con el aire crepuscular.

Después de la cena y una presentación musical acústica dentro del refugio, Claudio y Nico compartieron algunas palabras con los presentes. Mientras tanto, los “refugieros” colocaron sobre la mesada una torta adornada con velitas. Abrazados con Claudio y familia, todos cantaron ‘Cumpleaños feliz’. A continuación, hubo postre, música y baile. Y, por último, todos dieron una mano para lavar vajilla y guardar mesas, bancos y luces, dejando el refugio en orden para el día siguiente, 

Para Claudio, el aniversario del refugio marca el inicio de un nuevo año. El 16 de febrero es el día del festejo y el 17 de febrero sale el sol en el refugio Jakob, dando comienzo a un nuevo día – un nuevo año – de hospitalidad y servicio en la montaña. Al igual que todos los días, se enciende la radio, se prepara agua caliente para mate y té, se sirve el desayuno con una sonrisa y, poco a poco, la conversación va llenando la cocina y la sala principal. Desde el porche, Claudio y los “refugieros” se despiden de los senderistas que continúan su camino y se mantienen atentos a la llegada de nuevos huéspedes, listos para darles la bienvenida.

Sea por la mañana, al mediodía o de noche, verano invierno, una ocasión especial o un día común y corriente, el refugio Jakob irradia calidez. Un saludo cordial, una conversación amable y siempre el ofrecimiento de un té caliente.

Esta es la tercera y última parte de una serie de tres partes sobre Claudio Fidani, su familia y el refugio Jakob. Puedes leer la primera parte aquí (Opens in a new window)y la segunda parte aquí.(Opens in a new window)

Claudio Fidani es el concesionario del refugio Jakob. El refugio pertenece al Club Andino Bariloche(Opens in a new window). Para planear tu visita y estadía en el refugio, visita https://refugiojakob.com.ar(Opens in a new window).

Palabras de Emily Hopcian. Fotos de Bianca Fidani y cortesía de la familia Fidani. Traducido a español por Catalina Connon.

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